4.4.23

De tragos y copas

 "Déjame que te cierre esta noche los ojos
mañana vendré con un cigarro a la cama
porque no tengo más intenciones que seguir
bebiendo de esta copa que no está tan rota"

"Sin documentos" de Los Rodríguez


Es común, en la adolescencia, empezar a experimentar con el alcohol, cometer los errores propios de los inexpertos y despertar con las dolorosas consecuencias. Es común desviar la culpa diciendo “no volveré a tomar”, culpando así al alcohol por nuestra resaca en lugar de hacernos cargo de haber bebido de más. Es común decir que “no volveré a beber de tal o cual trago porque me hizo mal o porque me cayó mal”, cuando en realidad lo que nos cayó mal fue el habernos pasado de copas. Supongo que es una cuestión de maduración el entender que la responsabilidad recae sobre nosotros y que pasa por conocer nuestros propios límites al momento de beber (¿maduraré?). Lo simpático del planteo: todo esto por unas copas.
Mi primo me miró -al otro lado de esa mesa pretenciosa, en ese bar pretencioso-, levantó su mano derecha y, cuando la moza que nos tocó en suerte estuvo cerca, pidió un trago para mí que yo no había probado jamás. Esa noche bebimos demasiado, nos pasamos de copas. Desde aquella noche, el whisky y yo, nos llevamos mal, pero creo que la peor parte me la llevo yo. El punto es que hay tragos que uno elige no volver tomar, a veces porque nos hacen mal, otras porque no nos gusta cómo somos cuando estamos bajo su influencia; con las relaciones pasa lo mismo, "no me vuelvo a enamorar" o "no voy a volver a enamorarme de ella" son algunas de las frases que sustituyen a las que mencioné al principio. Yo no volví a tomar de ella, de esa copa, pero la tentación está y algunas noches o algunas camas me dan mucha sed. Digamos que de tanto en tanto encuentro excusas para extrañarla. La lluvia, algún cumpleaños, alguna palabra o un aroma en particular que me lleva a preguntarme si volvería a tomar ese trago, a beber de esa copa; luego recuerdo el daño que me hizo, la resaca que aún sufro, mi labio cortado por su filo, su desinterés, la ausencia de su disculpa... y se me pasa... Un poco. Es difícil resistirse al absurdo de querer volver con una ex, porque -claramente- te gusta, sentiste algo muy fuerte por ella, tuvieron momentos que quisieras repetir, detalles diminutos que sólo vos veías y que te encantaría volver a apreciar, porque los amaste a cada segundo, todos los días durante muchos días. A veces es pensar en ella y extrañar su voz, su cuerpo, sus mensajitos en los márgenes de algún apunte, sorprenderla con algún mimo, que me diga “soñé con vos”, o simplemente el placer de coincidir en esta vida.
Al final del trago, supongo que, aun viendo la copa rota, hay días en los que elegimos beber el veneno en ella, y días en los que el instinto de supervivencia nos detiene.

Empuja el morbo de beber de tu boca,
aunque me corten de nuevo tus labios,
quiero que rebalse de mi rojo esa copa
y calmar mi sed bebiéndote a tragos.

Un dibujo malbec para un poema etílico.

Tu copa

I

Me embriaga el deseo de beber de tu copa,

de ese vidrio partido que mi boca no corta,

tras la herida que sangra el amor entre gotas,

tu desnudo reflejo que el alcohol ya no borra.

II

De noche un grafito repasa tu fría mirada,

del caos en polvo la pasión que se enciende,

del recuerdo de escribir que te necesitaba,

que amor y sexo casi nunca se entienden.

III

Tu presencia: mi anhelo, mi sueño, mi deseo;

huesos que tiemblan por quitarte tus besos,

hay un sol que ilumina un camino, un sendero,

y un río que aún se pierde en lugares secretos.

IV

En el suspiro del viento encuentro esperanza,

la luz de la mañana cuenta historias de amor,

llega tu recuerdo y es que el tiempo se para,

me regresas la daga que clama por mi sabor.

V

Me embriaga el deseo de beber de tus labios,

de inventarme un cóctel con tu piel y la mía,

de crear algo juntos, sin miedos ni resabios,

ser dueño de tus noches, guardián de tus días.

VI

Cuando se siente tan bien es tonto olvidarlo,

el amor es más fuerte en corazones de acero,

cuando cualquier desafío puede ser superado,

¿tiene sentido alejarse con la excusa del miedo?

VII

Cuando el cariño es tan fácil nunca vale la pena,

el frenesí se diluye en las cosas más simples,

cuando poco se siente, cuando el destino flaquea,

luego todo el arte y la magia tan solo se fingen.

VIII

¿Olvidaste esa pasión que nos unió en el pasado?

¿Borraste palabras que escribieron esta historia?

¿Cerraste esas preguntas que dejaste al costado?

¿El placer de coincidir se quemó en tu memoria?

IX

Me embriaga el deseo de tus pasajes lúbricos,

del premio a la dulzura cuando no lo esperaba,

de confesar con rubor tus sueños sicalípticos,

de poemas con versos que bajan por tu espalda.

X

Borraste las huellas por no volver en tus pasos,

duele ver que el río nunca corre hacia arriba,

que debajo de las piedras hay trazos sepultados

y un perdón que se pierde en un alma partida.

XI

Retratos hechos fuego, cuadros mal colgados,

flores que murieron, los bombones amargos,

la cruel reminiscencia de aquel beso dorado,

y la lujuria en desnudos de jadeos ahogados.

XII

Anhelo beodo de palabras que envenenan,

lo que nos hizo felices ahora me lastima,

las letras de Tennyson son púas en mis venas,

las tuyas envuelven como manta de espinas.


Besos y abrazos beodos.

NACHO