2.5.23

De los sueños

"Hazte Sol cercano en la distancia,
hazte en el recuerdo un leño
y quémate en mi interior.
No quiero tener más noches frías
ni poder tan solo en sueños
despertarme junto a vos."
"Canción del pinar" de Jorge Fandermole


El tema de los sueños es recurrente en poemas y canciones, de hecho, ocupan un lugar preponderante en la historia de la humanidad desde siempre; grandes inventos, obras de arte, estrategias de guerra, premoniciones y hasta mensajes divinos surgieron de los sueños. Particularmente me sucede que formo parte de ese pequeño grupo de personas que recuerda mucho de lo que sueña; y estudios han revelado que tenemos de 4 a 7 sueños por noche, de los que, con suerte, recordaremos 2 de los sueños que tuvimos, asimismo, olvidamos la mitad de ellos a los primeros 5 minutos de despertar, es más, luego de 10 minutos el 90% de cada sueño habrá desaparecido y sólo recordaremos un 10% de lo que en realidad soñamos; por eso, sabiendo esto, aprendí que es bueno tener algo a mano para dejar registrado el sueño (un papel, un grabador, el celular, etc.) y así llevar un registro de los sueños que quiero recordar. Cuando soñaba con ella, solía registrar los sueños íntimos (que eran los que más disfrutaba), pues el placer se volvía éxtasis tan fuerte como el que se experimenta en la realidad, las sensaciones de tacto, gusto y aroma eran extremadamente reales, incluso podría describir a qué sabía su boca o qué temperatura tenía su cuerpo. Con ella tuve muchísimas cosas, entre nosotros definitivamente pasó de todo, pero nunca lo que sucedía en mis sueños.
A los largo de las noches, los oniros (las mil personificaciones de los sueños) venían a dejarme sus fantasías más salvajes, su lado más sensual, su desaforada lujuria. Como era de esperarse, en mi plano somnoliento ella ocupaba el rol principal, el centro, el eje, la protagonista; mas al despertar parecía que estábamos en páginas distintas de libros completamente diferentes, y al mismo tiempo, hechos el uno para el otro. Pienso que en algún plan divino, quizás en el mundo de los sueños, estábamos destinados a estar juntos mientras nos quede alma y vida, pero -como dije en alguna otra ocasión- la crueldad de los sueños, su castigo, su morbo, está en tener que despertar.
Poco a poco fui entendiendo que, por decisión más de ella que mía, lo nuestro sólo quedaría en mis sueños, los planes a futuro, los proyectos juntos, la vida que habíamos deseado, se fue disfrazando gradualmente de utopía... y finalmente eso se volvió.
Ella se aferró a la distancia y se alejó. Yo aprendí a sufrir por ella, a extrañarla, y a volverla literatura y trazos de grafito. De tanto en tanto, los oniros, liberan sus mejores ratones en mi cabeza y no me dejan más opciones que soñarla.

Así yo te cargo en mis sueños,
así es como te resto al olvido,
así es como tonto me empeño
en tenerte para siempre conmigo.

Así, un dibujo inverecundo para un poema insolente.

Utopía

I

¿Cómo matar un sueño recurrente?

¿Cómo negar lo que otrora fuimos?

¿Cómo apagar el leño candente

que a fuego de piel encendimos?

II

¿Cómo puedo aislar el nosotros

que sin querer nos hicimos?

Si quisimos hacernos de todo,

si juntos nos quiso el destino.

III

Si hubo amor, pasión y deseo,

un futuro que nunca nos dimos,

nos sobraron distancias, secretos,

y algunas dudas bajo tus anillos.

IV

Yo aún ansío, a espaldas de Febo,

saber tu sabor, morder de tu carne,

marcarte la piel, dulce recuerdo,

robarte lágrimas que griten “no pares”.

V

Beber ese néctar de entre tus dedos,

catar esa miel que gotean tus labios,

borrarte dudas, arrancarte miedos,

y enajenarte en descalzos vibratos.

VI

Quitarte de a besos todas las palabras,

entregarte mi piel en dos mil rasguños,

hacer que mi todo se vuelva tu nada

mientras la cama se arruga en tu puño.

VII

Sentir tu roce sangrar mis heridas,

sentir tu soga ciñendo mis brazos,

sentir tus rincones dándome salida,

tatuar tus caricias en un vivo morado.

VIII

Contarte los pulsos entre mis falanges,

que tu lengua intrusa sondee mi boca,

se aprieta la asfixia que tanto extrañaste

y que por salvajes a los dos nos provoca.

IX

Mi garra de gigante se ajusta al cuello

mientras cuenta el aire que se te agota,

el que se te escapa entre tantos jadeos,

por el placer que sabes que tanto adoras.

X

Ruegas sumisa que no me detenga,

¿cómo es que soy tuyo si yo te poseo,

si tu voluntad es lo que yo quiera

y tu sumisión es de cuerpo entero?

XI

Cual vil incubo me sientes por dentro,

todo ruido se pierde ya entre la niebla,

hay un ronco clamor, se aferra a tu pelo

y que lejos de irse pide que te vengas.

XII

¿Será que el deleite no habita el olvido,

que los sueños acosan noches en fantasía,

que vuelan sombras, se confunden oniros,

y que algún descuido despierta utopías?


Besos y abrazos de ensueños.

NACHO

4.4.23

De tragos y copas

 "Déjame que te cierre esta noche los ojos
mañana vendré con un cigarro a la cama
porque no tengo más intenciones que seguir
bebiendo de esta copa que no está tan rota"

"Sin documentos" de Los Rodríguez


Es común, en la adolescencia, empezar a experimentar con el alcohol, cometer los errores propios de los inexpertos y despertar con las dolorosas consecuencias. Es común desviar la culpa diciendo “no volveré a tomar”, culpando así al alcohol por nuestra resaca en lugar de hacernos cargo de haber bebido de más. Es común decir que “no volveré a beber de tal o cual trago porque me hizo mal o porque me cayó mal”, cuando en realidad lo que nos cayó mal fue el habernos pasado de copas. Supongo que es una cuestión de maduración el entender que la responsabilidad recae sobre nosotros y que pasa por conocer nuestros propios límites al momento de beber (¿maduraré?). Lo simpático del planteo: todo esto por unas copas.
Mi primo me miró -al otro lado de esa mesa pretenciosa, en ese bar pretencioso-, levantó su mano derecha y, cuando la moza que nos tocó en suerte estuvo cerca, pidió un trago para mí que yo no había probado jamás. Esa noche bebimos demasiado, nos pasamos de copas. Desde aquella noche, el whisky y yo, nos llevamos mal, pero creo que la peor parte me la llevo yo. El punto es que hay tragos que uno elige no volver tomar, a veces porque nos hacen mal, otras porque no nos gusta cómo somos cuando estamos bajo su influencia; con las relaciones pasa lo mismo, "no me vuelvo a enamorar" o "no voy a volver a enamorarme de ella" son algunas de las frases que sustituyen a las que mencioné al principio. Yo no volví a tomar de ella, de esa copa, pero la tentación está y algunas noches o algunas camas me dan mucha sed. Digamos que de tanto en tanto encuentro excusas para extrañarla. La lluvia, algún cumpleaños, alguna palabra o un aroma en particular que me lleva a preguntarme si volvería a tomar ese trago, a beber de esa copa; luego recuerdo el daño que me hizo, la resaca que aún sufro, mi labio cortado por su filo, su desinterés, la ausencia de su disculpa... y se me pasa... Un poco. Es difícil resistirse al absurdo de querer volver con una ex, porque -claramente- te gusta, sentiste algo muy fuerte por ella, tuvieron momentos que quisieras repetir, detalles diminutos que sólo vos veías y que te encantaría volver a apreciar, porque los amaste a cada segundo, todos los días durante muchos días. A veces es pensar en ella y extrañar su voz, su cuerpo, sus mensajitos en los márgenes de algún apunte, sorprenderla con algún mimo, que me diga “soñé con vos”, o simplemente el placer de coincidir en esta vida.
Al final del trago, supongo que, aun viendo la copa rota, hay días en los que elegimos beber el veneno en ella, y días en los que el instinto de supervivencia nos detiene.

Empuja el morbo de beber de tu boca,
aunque me corten de nuevo tus labios,
quiero que rebalse de mi rojo esa copa
y calmar mi sed bebiéndote a tragos.

Un dibujo malbec para un poema etílico.

Tu copa

I

Me embriaga el deseo de beber de tu copa,

de ese vidrio partido que mi boca no corta,

tras la herida que sangra el amor entre gotas,

tu desnudo reflejo que el alcohol ya no borra.

II

De noche un grafito repasa tu fría mirada,

del caos en polvo la pasión que se enciende,

del recuerdo de escribir que te necesitaba,

que amor y sexo casi nunca se entienden.

III

Tu presencia: mi anhelo, mi sueño, mi deseo;

huesos que tiemblan por quitarte tus besos,

hay un sol que ilumina un camino, un sendero,

y un río que aún se pierde en lugares secretos.

IV

En el suspiro del viento encuentro esperanza,

la luz de la mañana cuenta historias de amor,

llega tu recuerdo y es que el tiempo se para,

me regresas la daga que clama por mi sabor.

V

Me embriaga el deseo de beber de tus labios,

de inventarme un cóctel con tu piel y la mía,

de crear algo juntos, sin miedos ni resabios,

ser dueño de tus noches, guardián de tus días.

VI

Cuando se siente tan bien es tonto olvidarlo,

el amor es más fuerte en corazones de acero,

cuando cualquier desafío puede ser superado,

¿tiene sentido alejarse con la excusa del miedo?

VII

Cuando el cariño es tan fácil nunca vale la pena,

el frenesí se diluye en las cosas más simples,

cuando poco se siente, cuando el destino flaquea,

luego todo el arte y la magia tan solo se fingen.

VIII

¿Olvidaste esa pasión que nos unió en el pasado?

¿Borraste palabras que escribieron esta historia?

¿Cerraste esas preguntas que dejaste al costado?

¿El placer de coincidir se quemó en tu memoria?

IX

Me embriaga el deseo de tus pasajes lúbricos,

del premio a la dulzura cuando no lo esperaba,

de confesar con rubor tus sueños sicalípticos,

de poemas con versos que bajan por tu espalda.

X

Borraste las huellas por no volver en tus pasos,

duele ver que el río nunca corre hacia arriba,

que debajo de las piedras hay trazos sepultados

y un perdón que se pierde en un alma partida.

XI

Retratos hechos fuego, cuadros mal colgados,

flores que murieron, los bombones amargos,

la cruel reminiscencia de aquel beso dorado,

y la lujuria en desnudos de jadeos ahogados.

XII

Anhelo beodo de palabras que envenenan,

lo que nos hizo felices ahora me lastima,

las letras de Tennyson son púas en mis venas,

las tuyas envuelven como manta de espinas.


Besos y abrazos beodos.

NACHO

19.3.23

Página uno

"El vino entibia sueños al jadear
desde su boca de verdeado dulzor
y entre los libros de la buena memoria
se queda oyendo como un ciego frente al mar"

 "Los libros de la buena memoria" de Invisible




La fuerza y el poder de las palabras nunca deja de maravillarme; hay palabras que pueden hacerte feliz; palabras que pueden darte placer; palabras que consuelan; palabras que sanan; palabras que crean y que construyen; hay palabras que destruyen y dañan; palabras que hacen la guerra y palabras que traen la paz; palabras que hacen milagros y palabras que rompen corazones; hay palabras que enamoran, hay palabras que excitan, palabras que separan y que reconcilian. Lo mágico de las palabras es que nos rodean desde antes de nacer y hasta mucho después de morir, porque hay palabras en silencio, de esas que aparecen en gestos, en señas, en besos, en golpes o en traiciones; hay palabras que se las lleva el viento, como si no importara el peso que tienen; hay palabras que quedan grabadas, que llegan al corazón o a la mente sin cirugías y sin siquiera tocarlos; y mis preferidas que son las palabras que se añoran la inmortalidad y se quedan por escrito burlando al tiempo y, si se puede, también al olvido. ¿No es realmente increíble que encontremos muchas de éstas últimas en eso que llamamos "libros"?
La palabra "libro" viene del latín "liber", que hace referencia a la parte interior de la corteza de las plantas, eso era justamente lo que los antiguos romanos usaban como papel, para escribir.
Con ella nos escribíamos mucho, las palabras nos unían y en ellas encontramos una conexión desconocida para ambos, con dulzura y con placer descubrimos que hacían indeleble lo que sentíamos, hacían eterno eso tan parecido al amor.

Escribimos de arroyos y de ríos,
de olor a café en villas y aldeas,
escribimos de la brisa en los pinos,
y de hacer el amor en las praderas. 

Mas la arena cubrió las palabras,
el viento nos cambió los conceptos;
aquel amor ya no nos alcanzaba,
lo eterno nos duraba un momento.

Para ella, lo grabado había muerto; para mí, las inmortales aún les ganan al tiempo. Fuimos una historia hermosa en el peor de los libros, quizás nunca entendimos que fueron sólo las primeras hojas... lo malo de las primeras páginas es que son de las primeras que se pasan y a las que rara vez se regresa. Hoy, ella pretende escribir un final y yo, mientras tanto, me desangro en la página uno.

Un poema inmortal, un dibujo despintado.

Página uno

I

Bebiste del vino añejado

que nunca quisiste beber,

para en un brindis dorado

sentir los vidrios caer.

II

Besaste una boca partida

que corta y no hace doler,

para entregar años de vida

mirando tan solo a los pies.

III

Mas no siempre uno quiere

lo que a uno le hace bien,

pero es que vivir no depende

de las veces que respires.

IV

Pisaste unas hojas en barro,

olvidaste el arroyo en papel,

y al libro de páginas en blanco

le borraste mi nombre otra vez.

V

Siluetas rojas en cada orilla,

huellas de piedras para volver,

los ojos ciegos que crepitan

en aquel fuego que ya no ven.

VI

Mas no siempre uno quiere

lo que a uno le hace bien,

muchas veces lo que duele

nos sangra la vida también.

VII

Si me leíste, me dejaste tirado,

tus letras sabes que las guardé,

y si escribirte me está vedado,

debajo de los ríos te dibujaré.

VIII

La botella que su fondo despinta

ya no nos tiñe las fotos de ayer,

es otra tela colgando en la biga

que a la pasada nos suele tejer.

IX

Mas no siempre uno quiere

lo que a uno le hace bien,

coincidir no siempre es suerte

si el placer nos sabe a hiel.

X

Nos escribiste un solo futuro,

relato con nudos sin resolver,

raspas tus trazos con un bulo

en algún cuaderno sin releer.

XI

Quemaste naves en la rivera,

el incendio no apaga tu sed,

ya no hay opciones en espera,

ya no hay retornos al Edén.

XII

Mas no siempre uno quiere

lo que a uno le hace bien,

hay escritos que no mueren,

villas que aún saben a café.


Besos y abrazos literales.

NACHO

16.2.23

Del gozo y lo otro

"Gozar
es tan parecido al amor (y más barato)
Gozar
es tan diferente al dolor."

 "Fanky" de Charly García




Nos conocimos como por casualidad, o algo así, ella me buscó a mí y yo automáticamente pensé que se trataba de una apuesta o de algún mal chiste. Ella era joven y hermosa, de una belleza que rozaba el absurdo, y yo... bueno, yo... yo simplemente era. Lo nuestro fue algo repentino, inesperado, impensado, yo no buscaba a nadie, estaba solo, abandonado, sencillamente existiendo; y ella apareció. Casi por coincidencia, por cosas de la vida, todo se daba a pedir de boca, apareció un lazo invisible que nos unía aunque quisiéramos separarnos, lo podíamos sentir los dos.
Cierto día, el viento (astuto y tramposo como es) hizo que llegara a sus oídos las palabras "destino" y "magia", eso que es cosas de hadas y ogros, adivinación y pitonisas, pero también de cuentos fabulosos; la coincidencia, los cuerpos y el tiempo hicieron el resto. Entre nosotros había una emoción nueva, intensa, placentera, nos gustábamos mucho y la verdad era que también nos gustaba eso que sentíamos. En otras palabras, había gozo... y si no era amor, se parecía bastante... si no era felicidad, se acercaba mucho.
A un paso del gozo (y a la vez, opuestos al mismo) se encuentran el disgusto, el desagrado y, en ocasiones, el mismísimo dolor. La distancia (y los tiempos distintos) trajo el disgusto; la in-coincidencia (aun luego de tanta coincidencia) trajo el desagrado; y la desilusión (el fin de la ilusión, de la magia) trajo el dolor. Como si dos personajes de una misma historia, concebidos el uno para el otro, fueran colocados -caprichosamente- en páginas distintas de un mismo libro. Destinados a buscarse, destinados a encontrarse, mas no a estar juntos.
De lo dicho quedaron los escombros: Un proyecto de café (o café proyectado) que jamás pudo ser. Sexo salvaje y violento (tan distinto al amor) que sólo es realidad en dos o tres sueños. Un lugar en el mundo, que fue de los dos y hoy no es de ninguno. Ese aroma a poco, a algo inconcluso, a señal de retorno, a que esto no es todo... Pero al final del día, ¿quién nos quita lo gozado?

Un dibujo irreverente, un poema imposible, una entrada incorregible.

Si la magia se manchó
con un café que no fue,
no era magia, mi amor,
ni tampoco fue el café.

Nosotros

I

Nos conocimos por capricho,

nos mensajeamos por respeto,

y como guiados por el destino

nos desvestimos en secreto.

II

Que dos versos no eran nada,

que insinuarnos no era lo nuestro,

que yo me moría por tus nalgas,

que tus ganas me querían dentro.

III

“No me importa dónde acabas,

con verte llegar yo sólo sueño”,

vos sonrojada me confesabas

que era un antojo de Morfeo.

IV

Tus dedos rozaban tus labios,

tus manos no pedían silencio,

tus ojos no decían “te amo”,

pero tu boca me soltaba un beso.

V

Tu quejido quebraba el silencio,

la piel se erizaba ante tal osadía,

dos falanges se volvían recuerdo,

brillaba el placer que se escurría.

VI

Eran tuyos todos mis desvelos,

te veneraban todos mis ratones,

no había cielos, no había infiernos,

fuego de libidinosas pasiones.

VII

Y era de ti mi camisa blanca,

era de ti desnudarte al espejo,

que era de ti caminar en patas

pisoteando algunos deseos.

VIII

Era de ti enredarte en la cama,

era de ti mostrar tus antojos,

era de ti planear un mañana,

lazo inescindible entre nosotros.

IX

Dueña del tiempo y del placer,

de cada pausa, de cada foto,

de los oniros que viste arder,

de la existencia de este ogro.

X

Y ahora que ya no te tengo,

no te quiero, pero te añoro;

tu recuerdo desata un incendio,

nombrarte me llena de odio.

XI

Sin embargo, en mí memoria,

está pendiente lo que no fuimos,

una página en nuestra historia,

el borrador que no escribimos.

XII

Que soñamos un café bajo el tejado

en algún pueblo de montaña,

sentir la brisa de aroma serrano

y revivir de placer en cada mañana.


Besos calentitos en la comisura de los labios y abrazos prolongados que confundan los latidos.

NACHO